Vía Aurelia: una ruta costera y con encantos provenzales
Cuando hicimos la Aurelia en bici tuvimos que buscarnos la vida, pues todavía se encontraba a medio señalizar. Por lo tanto, optamos por seguir la costa, con muchos enclaves de postín, incluidos Montecarlo, Nice y Cannes, y luego el sueño provenzal. Una experiencia contradictoria y, desde luego, muy glamurosa y poco peregrina.
¿Un Camino jacobeo por la Costa Azul y Provenza? Pues sí (2007) ****
¿Puede haber algo más contradictorio que un peregrino a pie, con su mochila, recorriendo los flamantes paseos marítimos, y orillando las playas y puertos deportivos, con sus yates de lujo atracados, de la Costa Azul? El peregrino no parece encajar en Mónaco Niza, Antibes o Cannes. Y sin embargo si hay un itinerario de peregrinación histórico, recuperado en la primera década del tercer milenio, que recorría esta costa para adentrarse luego en la Provenza y alcanzar Arles. Lo hacía en doble sentido: hacia poniente como ruta santiaguista, pero hacia naciente como vía de romeros, uniendo de este modo los dos grandes centros europeos del peregrinaje medieval, Roma y Compostela. Un Camino que, como la Domicia, aunque con menos peso en el flujo, aprovechaba una calzada romana, la Aurelia, que desde Italia se prolongaba por la costa mediterránea hasta Arles.
El mérito de haber recuperado esta ruta corresponde a la Association Paca-Corse des Amis des Chemins de Compostelle, que también había señalizado la Domicia. Concluyó sus trabajos en 2008, un año después de nuestro paso, y la ruta pasó a denominarse GR 653A. Para evitar el hormigón y el asfalto de la línea costera, por donde nosotros circulamos en bici, se optó por trazar el Camino por el reborde montañoso de la Costa Azul, decisión que tuvo alguna consecuencia negativa: la imposibilidad de utilizarlo durante muchos días del verano, en que por el riesgo de incendios se cierran las pistas forestales, y el descenso en la oferta de servicios, unido al tránsito por algunas zonas «poco recomendables» para la seguridad, y no hablamos de lobos.
Sin embargo, nos hemos centrado mucho en la costa, y es cierto que desde Frejus hay otro mundo, el provenzal, un escenario similar al de la Toscana en relación con la Vía Francígena. Aquí nos adentramos en un mundo más rural y tradicional con sus campos de lavanda, abadías como la de Thoronet, el legendario y apasionante relato del desembarco y la vida eremítica de Santa María Magdalena (Saint-Maximin-la-Sainte-Baume), pintorescos pueblos con sus casas pintadas en colores pastel, ciudades tan atractivas y animadas como Aix-en-Provence, y, tras la fusión con la Domicia en Fontvieille, el premio de la llegada a Arles.